¿Alguna vez te ha sangrado la encía al cepillarte y has pensado, “seguro me cepillé muy fuerte”? Es una explicación común, pero cuando sucede con frecuencia, conviene prestarle atención. La boca no funciona de manera aislada: lo que ocurre en ella puede estar relacionado con otros aspectos de nuestra salud.
Cuidar tus dientes no es solamente una cuestión de estética o de evitar el mal aliento. También es una forma de reconocer señales que el cuerpo nos envía y de prevenir problemas que, con el tiempo, pueden afectar tu bienestar.
La enfermedad de las encías, también llamada enfermedad periodontal, ocurre cuando la acumulación de placa bacteriana provoca inflamación y puede dañar los tejidos que sostienen los dientes. Si no se atiende, puede avanzar hasta afectar el hueso y ocasionar pérdida dental.
Lo interesante es que existe una relación entre la salud de las encías y algunas enfermedades del resto del cuerpo. Por ejemplo, las personas con diabetes tienen mayor probabilidad de desarrollar enfermedad periodontal, especialmente cuando sus niveles de glucosa no están bien controlados. A su vez, la inflamación e infección de las encías puede dificultar el control del azúcar en sangre.
También se han encontrado asociaciones entre la enfermedad periodontal y problemas cardiovasculares. Sin embargo, esto no significa que una encía inflamada cause por sí sola una enfermedad del corazón. La relación es compleja y todavía se estudian sus mecanismos.
No necesitas esperar a tener un dolor intenso para acudir al dentista. Algunas señales que conviene revisar son el sangrado frecuente al cepillarte o usar hilo dental, encías rojas o inflamadas, mal aliento persistente, movilidad de los dientes o molestias al masticar.
Otra señal que suele pasar desapercibida es la boca seca. La saliva ayuda a proteger los dientes y los tejidos de la boca. Cuando disminuye, puede aumentar el riesgo de caries, infecciones y molestias. La sequedad puede estar relacionada con ciertos medicamentos, enfermedades u otras causas, por lo que es importante no asumir que simplemente se debe a tomar poca agua.
Si notas alguno de estos cambios, una valoración profesional puede ayudarte a identificar el origen y recibir el tratamiento adecuado. La prevención no requiere una rutina complicada, pero sí constancia. Cepíllate dos veces al día con pasta dental con flúor, limpia entre tus dientes diariamente y acude a revisiones dentales periódicas. Si tienes diabetes, mantener un adecuado control de la glucosa también forma parte del cuidado de tu boca.
Si utilizas algún medicamento y notas sequedad bucal, consulta con tu médico o dentista antes de modificar tu tratamiento. Existen productos que pueden ayudar a aliviar las molestias, pero la elección debe considerar la causa y tus necesidades.
Y recuerda: un enjuague bucal puede complementar ciertos cuidados, pero no sustituye el cepillado, la limpieza entre los dientes ni el tratamiento indicado por un dentista.
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Esta información es de carácter general e informativo y no sustituye una consulta, diagnóstico o tratamiento médico u odontológico profesional. Si presentas síntomas, tienes una enfermedad diagnosticada o utilizas medicamentos, consulta con un profesional de la salud antes de iniciar, suspender o modificar cualquier tratamiento. Evita automedicarte.
Fuente:
La diabetes y la salud oral. (s. f.). Causas, Síntomas, Tratamiento | Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial. https://www.nidcr.nih.gov/espanol/temas-de-salud/la-diabetes-y-la-salud-oral
